Sunday, 02 de October de 2005

Suena el teléfono.
- Diga
- Hola, ¿qué estás haciendo?
- Nada, estoy mirando toda la tarde por la ventana del salón a la calle, ya he visto a cuatro parejas romper en el bar de debajo, debe ser esta maldita lluvia incesante, y el cielo encapotado durante semanas, no sé.
Me tenías que haber llamado el Viernes...
- Ya lo sé, pero te he llamado hoy, no pareces muy contento de oírme.
- No es eso, pero es que han pasado ocho días.
- Lo siento, he estado muy ocupada, te lo compensaré muy pronto.
- Vale. Pensaba que me querrías y que me echabas de menos...
- Haber llamado tú.
- Lo hice, pero nunca estabas en casa, te he dejado más de cinco mensajes en el contestador, ¿es que nunca lo oyes?
- Sí, pero quería saber cuánto tardarías en llamar tú.
- Bien, lo importante es que has llamado, ¿te vienes a cenar?
- No, lo siento, me va a ser imposible, además no tengo hambre; te llamaba para ver si venias tú a mi casa. Es que tengo muchas ganas de...
- Joder, sabes perfectamente que no puedo ir a ninguna parte con la escayola ésta, el médico me lo advirtió muy serio en la última visita que me hizo, me dijo que
- Bien, pues nada, hasta luego.
- Oye, espera... ¿y si lo hacemos por teléfono?
- ¿Qué?. Tú estás loco o eres un pervertido. Adiós.
Ella ha colgado.
Vuelve a sonar el teléfono.
- Cariño, soy yo. Que me lo he pensado mejor y no sería tan mala idea, ¿me perdonas por el pronto?
- Pues claro, así que te lo has pensado mejor. Pues empieza.
- Ni hablar, la idea ha sido tuya y yo no sé ni cómo podría empezar a hacer algo así de sucio.
- Bueno, bueno, tampoco tienes por qué diabolizar la situación, yo tampoco he hecho esto nunca, pero he visto algunas películas y parece muy excitante.
- A saber qué tipo de películas son esas, da igual, no quiero saberlo, va , empieza.
- ¿Qué estás haciendo ahora mismo?
- Jajajajaja, pues hablar con un tío que tiene la pierna escayolada hasta el muslo y pone voz de pervertido.
- Esto no funciona así.
- Perdón, pero cambia ese tono, que te queda muy mal.
- Acabo de salir de la ducha, y el agua se me desliza lentamente entre mis abdominales, llegando hasta
- Ja. Querrás decir entre tu barriga prominente y peluda.
Ahora cuelga el.
Saturday, 01 de October de 2005

Mira a los que te rodean. Que sepan que les estás mirando e imagínate cómo son sus vidas. Seguro que no son tan distintas de la tuya como piensas…
Juan vive en la calle. Pide un cigarro cuando paseas al perro. Se tapa con una manta llena de agujeros que huele de forma desagradable. Es un buen tipo y no siente animadversión hacia los que no viven como él.
Alfredo vive en un piso del barrio del Carmen. No te da un cigarro porque no fuma, es malo para el corazón. Tiene una nórdica con la que duerme caliente por mucho frío que haga afuera. Es un buen hombre que desconfía de los que duermen en la calle y se tapan con cartones.
Guillermo escribe a las tantas de la madrugada para limpiar su conciencia. De joven pensó en apuntarse a una ONG, pero nunca lo hizo al enterarse que éstas cubren el vacío que los servicios sociales no llenan. Espera poder acabar algo de lo que empieza algún día.
Laura limpia patios en Russafa. Cobra menos de cinco euros la hora. Su trabajo es ingrato, pero le llega para el alquiler de su habitación y para mandar algo de dinero a sus hijos. Los vecinos se quejan porque no hace bien su trabajo y especulan con la posibilidad de contratar a una empresa de limpieza.
Maica tiene una empresa de limpieza. Trabajan varias decenas de personas para ella. Nunca contrataría a Laura porque viene de Ecuador y no tiene papeles.
Salvador es Ecuatoriano. Tiene papeles, pero no trabajo. La vendimia acabó de destrozarle la espalda. El ejército español se ofrece como una alternativa viable a mendigar o robar.
Juan Carlos nació en Palencia. Tras dieciocho años como militar profesional, está en el paro. Luce con tristeza sus galones de capitán en la cola del INEM. Nunca había estado en Ecuador, pero ahora contempla la posibilidad de ingresar en aquel ejército para pagar su hipoteca.
Nuria dejó su casa a los dieciséis años. Se fugó a Londres con su novio. Conoció el infierno en primera persona durante la década de los ochenta. Volvió hace poco para el funeral de su padre. Rió y se divirtió como nunca en su vida. Lloró desconsoladamente durante días cuando se quedó sola en su habitación de hotel.
Pedro murió un día de diciembre. A su funeral acudieron Manuel, Santiago, y su mujer Isidora. Ésta última aún tenía moratones de la última paliza que le dio su marido. Manuel no le soltó la mano durante todo el funeral.
Marcos odiaba a Jaime desde pequeño. Cuando estaban en el internado, vio como su cama ardía mientras él estaba en ella. Era el primer día que pasaba allí. Pedro y otros niños decidieron hacerle una broma. Nunca pudo besar a una chica, sin pagar.
Rosa estudió en un colegio privado. Aprendió Inglés y Francés antes de cumplir los catorce. Su paso por la universidad fue brillante. Sus ansias por ganar dinero, desmesuradas. Rosa ofrece Francés, Griego y Tailandés por menos de 15 euros en una página del periódico de hoy.
…sigue imaginándote cuarenta millones de historias más…
Sólo es diferente el que piensa que existen diferencias.